sábado, 2 de junio de 2012

EL PAPEL DE LO PSÍQUICO EN LA SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE



PONENCIA PRESENTADA EN EL SEXTO CONGRESO DE MEDICINA AMBIENTAL ORGANIZADO POR LA FUNDACIÓN ALBORADA Y LA FUNDACIÓN VIVO SANO


RECONOCIMIENTO SOCIAL
La historia del síndrome de sensibilidad química múltiple, desde mediados de los 50, ha sido también la historia de la reivindicación de un reconocimiento como entidad nosológica. Como con la fibromialgia o el síndrome de fatiga crónica, que también hicieron su camino para poder ser reconocidas como enfermedades, y por tanto ser dotadas de medios de diagnóstico y tratamiento. Con la sensibilidad química múltiple, también se está haciendo ese recorrido. Aún no está reconocida en España, pero podemos pensar que lo estará, como lo está  en otros países como Alemania, donde ya es enfermedad común, en  Italia está en trámite y en  Estados Unidos, Canadá, Noruega, Suecia y Dinamarca, se están realizando acciones preventivas, trabajos de investigación, facilitando tratamientos a los afectados, creando infraestructuras adecuadas y recogiendo sentencias judiciales favorables. Reconocer la Sensibilidad química múltiple como una  enfermedad, es necesario, porque estos pacientes demandan ser atendidos, y precisan ser atendidos. No  es posible desoir indefinidamente su padecer y conculcar su derecho a la salud.
Para diagnosticar como SQM los trastornos del enfermo se deben cumplir estos 6 criterios:
1 1) Una enfermedad crónica.
   2) Con manifestaciones que se repiten de forma reproducible.
3  3)    Que responde a concentraciones bajas de la sustancia implicada.
4 4) Que reacciona a muchos compuestos químicos no relacionados entre sí.
5  5)    Que mejora al eliminar los incitadores.
6 6)Que afecta a muchos órganos y sistemas del organismo.
El Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple se manifiesta con una amplia variedad de síntomas: fatiga, problemas en las vías aéreas respiratorias, dolores musculares, trastornos en la concentración y en los sistemas digestivo, cardiovascular o neurológico. Síntomas que pueden ser invalidantes, producir un aislamiento social e incluso llevar a la muerte por muy diversas enfermedades. Todo eso acompañado generalmente de la incomprensión de su entorno y de sus médicos.
El título de esta ponencia es el papel de lo psíquico en la SQM. Primero tendremos que despejar a qué nos referimos  cuando decimos psíquico.
Lo psíquico no es lo imaginario. Los síntomas de estos pacientes no son un invento, como no lo son los de ningún paciente. Una de los logros de Freud en su época fue que se reconociera la histeria como una enfermedad. A pesar de sus esfuerzos, cuesta aún hoy en día a una parte importante de la población médica no confundir la histeria con la simulación, a los pacientes que padecen lo que hoy más modernamente se llama trastorno somatoforme: parálisis histérica, ceguera histérica, etc., se les trata como mentirosos, fingidores, engañadores, farsantes. Y no lo son. Están enfermos y requieren un tratamiento. También los pacientes con Sensibilidad Química múltiple lo requieren.
Hasta qué punto el no reconocimiento de una patología es algo más de un orden económico que científico. Del reconocimiento de una enfermedad, deviene un gasto, que a veces parece quererse evitar, pero lo más costoso para una sociedad es perder ciudadanos útiles.
LA IMPORTANCIA DE LO PSÍQUICO
Que haya aquí entre ustedes hoy una médico psicoanalista, que yo haya sido invitada a participar, indica de alguna manera, que hay un intento de inclusión de lo psíquico en el afán de comprender los mecanismos de producción y de tratar esta entidad, cuya fisiopatología es aún desconocida. Se conocen las sustancias con las que se asocia, se puede determinar en cada caso particular cuáles son las sustancias implicadas, pero no se sabe porqué, y cuando algo no se sabe  en Medicina, proliferan las hipótesis,  unos sujetos responden de manera tan particular a una sustancia que para otros no es en absoluto nociva, y porque lo hacen a dosis no consideradas tóxicas.
Desde mi formación como médico internista y psicoanalista, debo decir que la discusión de si ésta de la que tratamos hoy es una enfermedad orgánica o psíquica, discusión que circula en el ambiente médico, es del todo estéril. No hay nada que suceda en el sujeto sin la participación de su psiquismo, tampoco enfermedades como por ejemplo la hipertensión arterial o el asma, consideradas enfermedades orgánicas acontecen en cualquier situación psíquica, en cualquier situación de la vida del sujeto, sino sólo en una determinada situación.
El enfermo psíquico sufre una doble discriminación, por la Medicina, porque lo trata las más de las veces de simulador, y por sí mismo, ya que él aspira a ser algo más reconocido socialmente, es decir, a ser un enfermo orgánico. La categoría de enfermo psíquico queda así denostada por la sociedad, por la Medicina y por los propios pacientes, es como algo menor, menos serio, menos grave, y se llega a frases como: “Si te pasa eso es porque tú quieres” o peor aún: “Eso te lo provocas tú”. Nada de esto es cierto, ni el enfermo está enfermo porque quiere, ni se ha provocado él la enfermedad deliberadamente. Una neurosis obsesiva, que requiere constantes rituales y ocupa todo el pensamiento y la energía del enfermo en la enfermedad, incapacitándolo para la vida, o una fobia, que requiere aislamiento, encierro, evitación e impide al paciente salir de su casa, tienen muchas veces tanto o más impacto en pérdida de  calidad de vida como un infarto de miocardio o una artritis reumatoide, consideradas enfermedades orgánicas.
Otro capítulo aparte es que, dado que la SQM es una enfermedad cuya sintomatología puede resultar invalidante, impidiendo la realización del trabajo habitual, entra en juego la sospecha de una neurosis de renta o simulación. Los pacientes con neurosis de renta o simuladores, son aquellos a los que se les supone fingir una enfermedad para conseguir un subsidio, pensión o ayuda del Estado, su empresa, o sus familiares. Pero lo llaman neurosis de renta, es decir, aceptan y niegan a la vez que estos pacientes tengan una enfermedad al ponerle el apelativo de neurosis ¿es poca enfermedad no haber generado la capacidad y la fortaleza psíquica necesaria para sobrevivir por  uno mismo en este mundo y desarrollar plenamente la propia capacidad de trabajo, de tal manera que se prolongue hasta la edad adulta la dependencia infantil?  Quiero decir que neuróticos de renta o enfermos de cualquier otra cosa, siguen estando enfermos, y siguen requiriendo atención.
Los enfermos con SQM, tampoco padecen una neurosis de renta, no son simuladores.
Hemos tratado algunos casos, no muchos, de esta enfermedad en el Departamento de Medicina Psicosomática que dirijo, o mejor dicho, hemos acompañado al tratamiento médico que estos pacientes realizaban ya que no se trata de reducir la enfermedad a una entidad exclusivamente psíquica, y no ocuparse para nada de lo orgánico, ni tampoco se trata de ocuparse únicamente de lo orgánico, olvidando que somos sujetos psíquicos. Se trata de sumar disciplinas, que es el nódulo de la Medicina Integrativa, para dar una atención lo más exhaustiva y exitosa posible al paciente.
La ciencia avanza por preguntas, preguntas que no son formuladas para cerrarlas con respuestas, sino que son aperturas a la investigación. No pretendo, por tanto, concluir nada hoy, sino abrir caminos para el conocimiento y posible tratamiento de una afección aún muy desconocida.
INTENTO DE APROXIMACIÓN
Digamos que esta ponencia se organiza en torno a la pregunta ¿porqué algunos pacientes se enferman y otros no frente a la misma sustancia? Para responder a esta pregunta, se barajan diversas hipótesis, se puede hablar de una intolerancia a las sustancias o de una hipersensibilidad a las mismas. En esta hipersensibilidad se implican factores como una disfunción del sistema inmune, o algunos déficits enzimáticos, entre otros. Nos centraremos hoy en la implicación del sistema inmune en esta entidad nosológica.
Sabemos que la enfermedad se organiza en dos fases. "Empieza con una exposición que puede ser a un tóxico o a una mezcla; puede ser a una dosis alta o varias dosis menores, incluso en días distintos. Las sustancias son variadas: contaminantes del aire interior de los edificios, vertidos de sustancias químicas, disolventes, plaguicidas... Posteriormente a la exposición, se produce un proceso de pérdida de la tolerancia inducida por un tóxico (PTIT) afecta a muy pocos de los individuos expuestos y causa pérdida de la tolerancia previa a diferentes productos químicos; en términos no del todo exactos, según el Dr. Arturo Ortega, diremos que “sobre-reaccionan” o se vuelven “alérgicos” a estas sustancias. Los compuestos a los que se vuelven hipersensibles pueden ser de uso cotidiano (perfumes, lacas, pintura al óleo, detergentes, etc.), o poco comunes. En la segunda fase, de provocación, la exposición a algún producto químico provocador desencadenará las manifestaciones que son la enfermedad advertida por los enfermos y por los médicos".
El mecanismo es muy similar al de la alergia, con una primera exposición al alérgeno (una o varias) y una posterior exposición que desencadena el cuadro, mediado siempre por el sistema inmune, esta manera de reaccionar implica la capacidad de memoria característica del sistema inmune, o al de algunas intolerancias alimentarias no alérgicas,  donde está implicado un déficit enzimático, por ejemplo, la intolerancia a la lactosa, que también requiere varias exposiciones para el desarrollo del síntoma.
Para trabajar el papel de lo psíquico, hoy vamos a centrarnos en la hipótesis de la implicación del sistema inmune.
Hay algunos autores que han trabajado el sistema inmune como el sustrato en el cuerpo de lo psíquico. La psiconeuroinmunología, que se empieza a desarrollar ampliamente a partir de la década de los 80, se ocupa de las marcadísimas interacciones que existen entre lo psíquico y el sistema inmune.
Durante la segunda Guerra Mundial, se observó que los soldados de los ejércitos vencidos, se enfermaban con mucha mayor frecuencia de una diarrea infecciosa que los vencedores, y se relacionó esto con la depresión psíquica que padecían secundariamente a la derrota, y que producía una despotenciación de su sistema inmune. Podemos decir que la depresión psíquica, tiene también una faz somática, una inmunodepresión. Como vemos, los procesos vitales afectan al sujeto a nivel somático y a nivel psíquico de manera paralela.
La producción del sistema inmune de un humano, tiene muchas similitudes con la producción de su propio psiquismo. En la producción de un sujeto psíquico interviene el mecanismo de identificación. Sólo tomando a otro humano como modelo cada uno puede alcanzar su humanidad. La operación por la cual se constituye la semejanza, por la cual el sujeto concluye: “soy de la especie humana”, es lo que denominamos alienación. En esta operación, a la vez que el sujeto se acepta como integrante de la especie humana, también adquiere una identidad: “soy humano”, no soy un balde, ni una pared, soy un humano. Es decir: desde lo semejante, desde el otro, se constituye lo propio: “sólo soy un humano entre humanos” y también lo semejante.
Después de esta operación de alienación, de identificación con el otro, una vez constituido lo semejante, el sujeto se tiene que diferenciar del otro: “soy un humano como el otro, pero no soy el otro”, es lo que llamamos operación de separación, reconocimiento de lo diferente. Podemos concluir que sólo desde el establecimiento de la diferencia hay verdaderamente semejante.
Lo que sucede en el alérgico y en otras intolerancias, también postulamos que podría estar implicado en la SQM, es que hay una respuesta exagerada a algo que no es nocivo: frente a un grano de polen, despliega el sujeto gran parte de su ejército inmune, como si de un enemigo poderoso se tratase. La respuesta inflamatoria que se observa en los bronquios de los pacientes con asma, no es otra cosa que el resultado de esta respuesta inmune. Podríamos decir que los asmáticos no son hiperreactivos sólo a nivel bronquial, sino también a nivel inmunitario, y observamos que también lo son en sus relaciones sociales. La relación de objeto, la relación con los otros semejantes, en el alérgico está marcada por esta característica, mostrándose en ocasiones una intolerancia a lo diferente, desconfianza, como si todo lo ajeno, lo exterior, el otro, se le presentase como un enemigo que amenaza la propia integridad. La intolerancia siempre tiene que ver con la no aceptación de las diferencias.
En el sistema inmune, primero se reconoce lo propio, proceso que tiene lugar en el timo y en médula ósea y posteriormente se reconoce lo extraño, lo exterior, lo diferente al sujeto: el sistema inmune se va poniendo en contacto con los gérmenes y otras sustancias y se va desarrollando una memoria inmunológica.
Desde el psicoanálisis podemos pensar al sujeto afectado por algo exterior a él, pero que no es tanto el alergeno, o el tóxico, sino la palabra que lo nombra, es el lenguaje lo que afecta al sujeto. Somos seres hablantes, habitantes del lenguaje, y el lenguaje nos afecta, las frases. El Dr. Mackensi, en 1886 relata un caso clínico de una paciente que tenía crisis asmáticas desencadenadas por el perfume de las rosas, él le presentaba una rosa de papel y esto era suficiente para provocar la crisis. Es el significante rosa, y no el objeto rosa el que causaba el cuadro. O el caso de una joven con alergia al polvo, que tuvo un episodio de asma durante su viaje de fin de curso, en el que los carteles anunciaban: nieve en polvo, y que cedió entre risas convictas, cuando su psicoanalista le interpretó que polvo ella debía intuir en las incursiones nocturnas a las habitaciones.
También es muy ilustrativo el caso de una paciente que comenzó a presentar sensación de "falta de aire", disnea, desde que había intentado volver con su novio, del que ella decidió separarse unos meses antes, y éste la había rechazado, situación que la paciente calificaba de “desaire”.
Trousseau (1801-1867), eminente médico clínico y teórico de la Medicina, era asmático y analizó sobre él mismo el papel que jugaba el alergeno (que llegó a identificar como polvo de avena) en el desarrollo de sus crisis de asma, con respecto a una de ellas escribe: “Pero, seguramente también, este polvo no ha sido suficiente por sí solo para causarme un accidente tan violento, ha hecho falta, pues, que esta causa me haya sorprendido en condiciones particulares. Bajo la influencia de la emoción moral mi sistema nervioso estaba excitado”.
Esta posición psíquica, de suponer enemigo al semejante, es muy característica de una posición fóbica. En relación a este señalamiento, se han realizado estudios médicos donde se observa que las personas que sufren agorafobia y trastornos de pánico registran mayor riesgo de padecer alergias.
En un estudio realizado en el Hospital del Mar de Barcelona, por el Dr. Bulbena, que comparó un grupo de personas que sufría trastornos de ansiedad (agorafobia, trastornos de pánico) con un grupo de pacientes sin ninguna enfermedad psiquiátrica, se pudo observar que los primeros presentaban con una mayor frecuencia las enfermedades somáticas mencionadas, 6,1 veces más alergias.
Los otros, nuestras relaciones, también forman parte del ambiente en el que vivimos, son nuestra mayor fuente de Goce y nuestra mayor fuente de displacer, se habla en muchas ocasiones de relaciones tóxicas. La Medicina Medio Ambiental, además de ocuparse de que estemos expuestos lo menos posible a sustancias nocivas, también debe tener en cuenta que vivimos entre otros humanos, y que a veces reaccionamos frente a ellos como las viejas reacciones antígeno-anticuerpo, con intolerancia. Postulamos, por tanto, que a la sustancia, como decía Trousseau, se le debe añadir además un determinado estado psíquico, una posición psíquica determinada. Cuando me afecta el exterior de manera tan particular, quizás es porque el exterior impacta en un proceso íntimo, psíquico. Por eso es importante tener en cuenta los factores psíquicos.
Estas operaciones que hemos señalado, constitutivas del sujeto: la alienación y la separación, podríamos decir que se reactualizan en psicoanálisis. Cuando estos pacientes realizan un tratamiento psicoanalítico, hemos observado que a medida que el sujeto realiza las operaciones de aceptar la semejanza con el otro, y también diferenciarse del otro, sin que estas diferencias sean motivo de intolerancia, se torna diferente también la tolerancia de su sistema inmune a sustancias inocuas o a concentraciones bajas de sustancias tóxicas.
Dra. Alejandra Menassa de Lucia. Médico Internista. Psicoanalista. N.C: 50353.

domingo, 13 de mayo de 2012

EL LOCO MUNDO

El psiquiatra tomó su texto y golpeó con él la cabeza del paciente,
que inmediatamente, cayó al suelo vencido sin duda por la letra.
La enfermera contemplaba la escena entre atónita y divertida,
un familiar, paralizado por el terror, sugería adjetivos supuestamente
poco gratos a los oídos del psiquiatra, pero a él ya no le importaba nada.
Había decidido marchar a la Bahamas a las tres menos cuarto,
antes de que el frío se hiciera francamente despiadado.

El taxista lo miró con extrañeza, porque dijo: “Al aeropuerto”, y
no llevaba equipaje, sólo un traje oscuro y algo desgastado
por los otoños y el uso inapropiado: había sido utilizado de la misma manera
en los entierros y en los esponsales y tuvo que soportar
las contradicciones más espantosas, como ser de jueves y de domingo.
Como llevar camisa amarilla y camisa gris, como ser blanco de las manchas
de la cena y de las de la comida, ¡tan nefasta había sido la vida del psiquiatra!

¿Por qué dices eso, preguntó la enfermera? No sé, es que el dilema
nunca fue bailar con María o bailar con Eva, siempre fue triste,
nunca hubo en su vida más mujer que su santísima madre.
Pero dime ¿porqué golpeó al paciente y se fue después a las Bahamas?
No lo golpeó, o al menos, no sólo lo golpeó, lo nokeó con el DSM 5.
No, si lo que yo nunca entenderé es porqué a las Bahamas.
¿justo a las Bahamas? ¿Qué se le había perdido allí?

Quizás buscaba su razón. Tristemente, algunos, pierden la razón.
¿Perder la razón? Ojalá fuera eso, pero yo sé que no,
razón es lo que le sobra a estos médicos decimonónicos.
En fin, sólo sé que antes del golpe, el paciente había pronunciado
estas palabras: yo no estoy en ningún capítulo de ese libro infame que maneja,
yo soy absolutamente original, no va usted a encasillarme en un diagnóstico común.
Y después, lo recuerdo desmayado y a su madre –el paciente también padecía de eso-
dando unos gritos sobrehumanos, entonces, el director del hospital vino con la carta
de despido, pero él Dr. Domínguez ya se había marchado a las Bahamas.

Es una historia como cualquier otra, dijo la enfermera.
Y puso su dedo índice en forma de cruz sobre sus labios, como
indicándome: ha de guardar silencio, y yo asentí con la cabeza
mientras comenzaba a escribir este poema.

Alejandra Menassa de Lucia

lunes, 23 de abril de 2012

JUEVES DE PSICOANÁLISIS ¿PORQUÉ TENEMOS PESADILLAS?





Charla coloquio Jueves de Psicoanálisis: ¿Por qué tenemos pesadillas? Impartida por la psicoanalista Paola Duchên. A las 19.00, el jueves 26 de Abril. En la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero. C. Duque de Osuna 4. Entrada Gratuita. Se puede ver online por www.grupocero.tv

jueves, 1 de marzo de 2012

LA IMPORTANCIA DEL PSICOANÁLISIS PARA LA MEDICINA.


Conferencia impartida en la Facultad de Medicina de Alcalá de Henares el 01 de Marzo de 2012. Por : Dra. Alejandra Menassa de Lucia.

Importancia diagnóstica.

Creo que antes de entrar en la cuestión de cuál es la relevancia, o la importancia del psicoanálisis en el proceso de diagnóstico, tendríamos que hablar de qué es el psicoanálisis y de cómo concibe el diagnóstico.

Yo soy médico, me formé en parte en estas mismas aulas a las que vosotros acudís ahora a formaros y también soy psicoanalista en ejercicio desde hace quince años.

Si alguien se anima a conversar, a mí me gustaría que me dijerais qué entendéis vosotros por psicoanálisis. Sino, seguimos adelante y luego me decís (los alumnos prefieren dejarlo para después y se establece un interesante debate).

Seguro que la palabra psicoanálisis la habéis oído todos. Lacan decía que el psicoanálisis era la ciencia del lenguaje habitada por el sujeto. Y podemos decir que la gran producción del psicoanálisis, es el concepto de inconsciente. Es decir, que suceden cosas en nosotros que escapan al control y a la regulación de nuestra conciencia.

El psicoanálisis es más que una terapia, es una manera de pensar, y nadie ni nada puede detener el nacimiento y la acción de un pensamiento, pero si se le diera una oportunidad como terapia como se le ha dado a otros tratamientos podríamos ver los efectos del psicoanálisis a nivel cotidiano, algo que hoy en día sólo es privilegio de algunas comunidades. El psicoanálisis está en circulación, se ha producido como Ciencia, como avance del Pensamiento, lo mismo que la radiología, por ejemplo, podemos decir que es un derecho que cada sujeto tendrá que conquistar.

La salud se produce, y el psicoanálisis es un camino hacia la salud, la Medicina ganaría mucho incluyendo el psicoanálisis en muchos campos: por ejemplo, en la prevención de las enfermedades psicosomáticas, en su tratamiento, porque el psicoanálisis nos enseña que los seres hablantes que somos estamos más preparados para vivir en la enfermedad que para vivir en la salud, y hemos construido una sociedad donde se recibe más ayuda para permanecer enfermo que para el tratamiento.

Con respecto al diagnóstico. Así como se concibe el proceso de enfermar así se concibe el diagnóstico y así se realiza el tratamiento. Todo padecimiento psíquico, se presenta con un aspecto clínico determinado, que llamamos enfermedad de fachada, es lo que aparente, una estructura que lo sostiene, de la cual sólo tenemos noticia a medida que transcurre el proceso analítico, y un grado de normalidad. Ninguna enfermedad acaba totalmente con la salud del sujeto, la afecta parcialmente. Para eso es extremadamente útil el psicoanálisis, porque detrás de un caso de asma, puede haber una fobia, o una histeria, o una enfermedad psicosomática, la estructura de fachada es un asma, pero la estructura que la sustenta, puede ser cualquiera de las tres que hemos mencionado y por eso que diferenciar entre la enfermedad de fachada, la enfermedad de estructura y la normalidad, sabiendo que estas tres cuestiones están presentes en cada padecimiento de cada sujeto, es necesario y hace a la precisión del tratamiento, tanto al tratamiento médico como al tratamiento psicoanalítico, puesto que en casi todas las enfermedades denominadas psicosomáticas se precisan ambos tratamientos.

La importancia del psicoanálisis en el diagnóstico reside en marcar la diferencia entre la estructura y los efectos de estructura.

En psicoanálisis el diagnóstico es el tratamiento, es decir, no se necesita rotular para tratar. Qué estructura clínica tiene, sólo lo sabré después, por recurrencia. Y esto es así porque el elemento técnico es la interpretación psicoanalítica, interpretación que es el deseo inconsciente y, con la producción del deseo inconsciente, construyo una historia de deseos y ahí podemos saber por qué el sujeto necesitó enfermar para hablar. De esto sólo puede decir una ciencia que dé cuenta del deseo inconsciente.

El tiempo que maneja el psicoanálisis es otro, es el futuro anterior, donde no es el pasado el que determina el presente sino que desde el presente puedo leer qué cosas del pasado fueron las que me llevaron hasta la situación actual, pudiendo transformarlas o modificarlas, es decir, construyo el pasado y un futuro, construyo lo nuevo. No se trata de arreglar el pasado del sujeto sino de transformar aquellas cosas del pasado que van a hacer que su futuro sea otro, que van a cambiar la vida del sujeto. Es decir, no se trata de recuperar una salud perdida, sino de producir un nuevo estado de salud.

Acabamos de publicar un libro, junto con una compañera que se llama Diagnóstico diferencial entre la histeria, la enfermedad orgánica y la enfermedad psicosomática, entonces estoy como muy imbuida en este momento de los aportes que el psicoanálisis puede hacer al diagnóstico, es un instrumento de precisión, de discriminación.

Un ejemplo maravilloso está en uno de los primeros textos de Freud, ustedes saben, y si no les digo, que Freud era neurólogo en una época donde por la falta de pruebas complementarias tan finas como las que tenemos hoy, la clínica era si cabe más determinante. Y él hace un estudio muy minucioso para diferenciar, hacer un diagnóstico diferencial entre las parálisis orgánicas y las parálisis histéricas. En 1893 Freud publica este Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas, donde concluye que en la parálisis histérica no existe lesión orgánica, ya que no cumple nunca la distribución, la intensidad o la localización compatible con una lesión orgánica del sistema nervioso.

Hay que tener en cuenta que las teorías que se manejaban en esa época sobre las causas de la histeria (y no estamos tan lejos actualmente de esta concepción, porque hace poco se presentaba en el País un trabajo con RMN que pretendía hallar alteraciones en el cerebro de las pacientes histéricas), todos los trabajos de Charcot y sus discípulos, postulaban que los síntomas histéricos se debían a una lesión orgánica de carácter dinámico o funcional. Es decir, una lesión, por ejemplo un edema, que no producía ninguna modificación perdurable en los tejidos y que, por tanto, no se apreciaba en una autopsia. Seguían insistiendo en la existencia de una lesión orgánica, algo incompatible con los hallazgos clínicos, como nos muestra Freud.

Él observa que ciertas formas de parálisis cerebral no se dan nunca en la histeria, por ejemplo, la parálisis del facial inferior (una de las manifestaciones más frecuentes de una afección orgánica del cerebro) o la afectación del quiasma del nervio óptico (con la consiguiente hemianopsia: ceguera que implica la mitad del campo visual).

La histeria toma los órganos en el sentido vulgar, popular, del nombre que llevan: la pierna es la pierna hasta la inserción de la cadera, y el brazo es la extremidad superior, hasta el hombro, por lo tanto no hay razón para unir a la parálisis del brazo la parálisis del rostro (como sucede en las parálisis orgánicas).

Lo que viene a plantear aquí es que, en la histeria, lo que está en juego es la concepción vulgar, popular, de los órganos y del cuerpo en general. Esta concepción no se funda en un conocimiento profundo de la anatomía del sistema nervioso, sino en nuestras percepciones táctiles y, sobre todo, visuales, es decir una anatomía imaginaria, un cuerpo imaginario, en relación a la imagen corporal.

Por otra parte, tomando en consideración las peculiaridades de las parálisis histéricas señala una serie de características de los síntomas histéricos:

1. En la histeria los síntomas son similares a los síntomas de la parálisis orgánica pero aparecen fragmentados. Por ejemplo, una lesión cerebral del hemisferio derecho que afecte a la zona motora de la corteza cerebral dará lugar a una hemiplejia izquierda (parálisis de los miembros superior e inferior izquierdos) y a una parálisis del nervio facial inferior izquierdo (que provoca una desviación de la comisura bucal hacia la derecha).

Por el contrario la parálisis histérica presentaría solamente una parálisis de los miembros (hemiplejia) sin afectación del nervio facial, e incluso se podría presentar, y de hecho frecuentemente sucede así, como una parálisis aislada del brazo o de la pierna, en forma de monoplejia (afectación aislada de un miembro superior o de un miembro inferior).

Este mismo poder de disociación se manifiesta en las parálisis aisladas de un segmento de miembro (por ejemplo la mano), con integridad completa de todas las partes restantes del mismo (el resto del brazo), o también en la abolición completa de una función, con integridad de otra función ejecutada por los mismos órganos.

2. El grado de afectación en la parálisis histérica es el mismo para todo el miembro afectado, es decir, en una parálisis de un brazo la intensidad de la parálisis es igual en el hombro que en la mano, cosa que no sucede en una parálisis orgánica, donde la afectación distal (la más cercana a la mano) siempre es mayor que la proximal (la más cercana al hombro).

3. En la parálisis orgánica la alteración de la motilidad suele ir acompañada de una hipoestesia (menor sensibilidad) o anestesia del miembro afecto. En la parálisis histérica, sin embargo, la estimulación de la zona afectada produce una sensación entre placentera y dolorosa ya que se trata de una zona libidinizada (zona histerógena), dado que en la histeria es característico el desplazamiento de la fuente erógena.

4. La parálisis histérica presenta, además, otro carácter, que es como la rúbrica de la neurosis: es una enfermedad de manifestaciones excesivas, que entraña una tendencia a producir sus síntomas con la mayor intensidad posible.

5. La parálisis histérica es de una limitación exacta (está muy claro el límite entre la zona del miembro afectada y la no afectada por la parálisis), mientras que la limitación de la lesión orgánica suele ser más difusa, menos nítida. Con la hemianestesia (la mitad del cuerpo no responde a los estímulos táctiles o dolorosos) sucede lo mismo, mientras que la anestesia histérica está exactamente limitada a un hemicuerpo, la hemianestesia orgánica sobrepasa la línea media, debido a la distribución de las fibras nerviosas, en la que parte de las fibras izquierdas pasan al lado derecho del cuerpo y parte de las fibras derechas pasan al lado izquierdo.

La alteración histérica sería, en una parálisis braquial por ejemplo, la abolición de la accesibilidad asociativa de la concepción del brazo. El brazo se comporta como si no existiese para el juego de las asociaciones. Es similar al súbdito entusiasta que juró no volver a lavarse la mano que su rey se había dignado estrechar. La relación de su mano con la idea del rey parece tan importante a la vista psíquica del individuo, que él mismo rehúsa hacerla entrar en otras relaciones. El valor afectivo que atribuimos a la primera asociación de un objeto nos impide hacerlo entrar en una nueva asociación con otros, y de este modo hace inaccesible a la asociación la idea de tal objeto.

Desde el punto de vista médico, en el síntoma histérico, no hay lesión orgánica establecida, el síntoma es funcional, es posible la recuperación ad integrum (sin secuelas). Por ejemplo, en un infarto cerebral en el que se produzca una parálisis de una pierna, la lesión, una vez establecida, es irreversible, hay daño orgánico, mientras que en la parálisis histérica la lesión es funcional, no hay daño orgánico cerebral y, por tanto, con tratamiento psicoanalítico el paciente puede recuperar totalmente la función de ese miembro afecto.

El paciente histérico en el ejemplo que venimos trabajando, tiene reprimida la palabra brazo, no habla del órgano, hace síntoma (la parálisis braquial), a diferencia del paciente hipocondríaco, en el que el relato es sobre el órgano, incluye el órgano. Por eso el relato del paciente hipocondríaco es más parecido al del enfermo orgánico, que también incluye el órgano. En estos últimos, el paciente hipocondríaco y el paciente orgánico, no está reprimida la palabra, el nombre del órgano como lo está en la histeria.

Hubo una época (de la que algunos médicos no están lejos hoy en día) en la Historia de la Medicina donde si el paciente no podía ser diagnosticado, si no estaba descrita su enfermedad, no era considerado enfermo. De hecho, después de que ya está catalogada la histeria, de que ya se conoce que existen los trastornos somatoformes o disociativos, como se les llama en psiquiatría, igual a las histéricas se las sigue llamando simuladoras, fingidoras, etc. Como si la ausencia de lesión orgánica descartara padecer una enfermedad.

Para tratar en Medicina es preciso tener un diagnóstico previo, de lo que se trata es del diagnóstico, en ambas el objeto del deseo del médico y del paciente es el diagnóstico de la enfermedad, que por el hecho de que cualquier representación calma la angustia, tranquilizaba tanto al médico como al paciente. Así, el diagnóstico, transforma un estado indefinido en una afirmación. En medicina, teoría, método y técnica se suceden, por eso que el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento son tres momentos diferentes, que pueden variar dependiendo del tipo de enfermedad.

En psicoanálisis ya no se trata de diagnosticar en tanto el anudamiento de teoría, método y técnica, permite que diagnóstico y tratamiento sean una misma cosa, por eso decimos que el diagnóstico en psicoanálisis es a posteriori, en tanto tratar es diagnosticar. Algunos autores llegan a decir que la enfermedad se termina de constituir en el análisis, pero en realidad lo que se termina de constituir es el sujeto para el cual dejarán de ser necesarios los síntomas, pues si la metáfora paterna funciona en él, si hay padre simbólico, no necesitará por ejemplo que la fobia, ocupe ese lugar.

Hay un sujeto que sólo se constituye en una experiencia analítica. Hay un sujeto del deseo inconsciente que sólo acontece cuando el sujeto habla sin saber, cuando acepta que hay un saber que no radica en un conocimiento sino en el hecho de ser un sujeto hablante, un sujeto deseante, es decir, cuando se encomienda a la deriva del lenguaje.


Cuadro: El Nacimiento del Nuevo Hombre de Dalí.

lunes, 6 de febrero de 2012

LA MUJER DEL SIGLO XXI. APROXIMACIONES PSICOANALÍTICAS

CICLO DE CONFERENCIAS DE INTRODUCCIÓN AL PSICOANÁLISIS

LA MUJER DEL SIGLO XXI. UN ACERCAMIENTO PSICOANALÍTICO

Días 15, 22 y 29 de febrero; 7, 14, 21 y 28 de marzo del año 2012

Miércoles de 10,30-13,30 H.

PROGRAMA

La sexualidad femenina

Virginia Valdominos

15 de febrero

La mujer de la reproducción a la producción. Prejuicios históricos

Magdalena Salamanca

22 de febrero

Mujer y ciencia

Pilar Rojas

29 de febrero

La mujer en la literatura

Alejandra Menassa

7 de marzo

La mujer en el cine

Manuel Menassa

14 de marzo

La mujer de la posición de objeto a la posición de sujeto

Ruy Henríquez

21 de marzo

Mujer y trabajo

Susana Lorente

28 de marzo

Se concederán 2 créditos de libre configuración a los asistentes

Lugar:

Seminario 217, Facultad de Filosofía, Edificio “A”

Universidad Complutense de Madrid

Organizan:

Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero y Asociación Juventud Grupo Cero

Información e inscripción:

91 394 53 74 - ruyhenriquez@filos.ucm.es