jueves 12 de noviembre de 2009
sábado 31 de octubre de 2009
HIPOCONDRÍA ¿ENFERMO DE QUÉ?
El paciente hipocondríaco siempre recibe la misma respuesta del médico: usted no está enfermo, no tiene nada, todas las pruebas están bien. Y eso no le calma, no lo cree, y pide otra opinión, como el paciente de esta viñeta de Forges. Así los hipocondríacos recorren consulta tras consulta con el mismo veredicto: no encontramos ninguna enfermedad. Pero ¿no les parecerá suficiente enfermedad la locura de creer firmemente y de manera irreductible a toda prueba o razonamiento que se tiene una y muy grave? Como podemos ver, los hipocondríacos son mal tolerados también por los médicos, algo que Forges expresa claramente también en esta viñeta ¡Por fin!, por fin se va a ver a otro médico y a mí me deja tranquilo. Y es que la medicina tampoco tiene grandes instrumentos para tratar estas patologías.La palabra hipocondríaco etimológicamente procede del prefijo griego hipo, que es debajo y de condrio, que es cartílago, se denomina hipocondrio a la zona del abdómen que está justo por debajo de las costillas. Al parecer, este padecimiento se describió inicialmente en personas que aquejaban molestias en esa zona (que es donde está el hígado en el lado derecho y el bazo en el izquierdo).
La hipocondría es un temor por la propia salud, en eso se diferencia de la neurosis de angustia, en la que la preocupación siempre es por la salud ajena.
Se concibió en algun momento como una especie de la fobia, cuyo tema era la preocupación por la propia salud. Una fobia o temor a enfermar. De lo que no se da cuenta el paciente hipocondríaco es que esa es su enfermedad, el temor a enfermar es la enfermedad misma.
Hemos comprobado en psicoanálisis que la hipocondría o el temor a enfermar pueden estar en relación con un acto realizado o incluso sólo fantaseado que el paciente cree, conduce a la enfermedad.
El paciente hipocondríaco sí está enfermo, de temor, y cuando la enfermedad es el miedo, el tratamiento ha de ser psíquico.
jueves 8 de octubre de 2009
CURSO DE VENTA POR CONFIANZA

Tuvimos la primera parte del Curso de Ventas el miércoles 07 de Octubre del 2009. La siguiente seré el 14 de oct a las 20.30. Os dejo los diez primeros minutos de clase.
miércoles 23 de septiembre de 2009
UNIVERSOS DIVERSOS. ANTOLOGÍA POÉTICA. PRESENTACIÓN EN MADRID EL 26-09-09

viernes 11 de septiembre de 2009
EL PARALELISMO ENTRE LOS SUEÑOS, LOS ACTOS FALLIDOS Y LOS SÍNTOMAS.
Cuadro: Más allá del horizonte. Miguel Oscar Menassa
Freud descubrió que los sueños tenían un sentido, que no eran una actividad que sucedía al azar, de manera caprichosa y carente de sentido. Tras intensa investigación, llegó a la conclusión de que ese sentido del sueño era la realización de un deseo, pero no de cualquier deseo, el deseo que se realiza en el sueño es un deseo reprimido.
Cuando nuestra conciencia no tolera uno de nuestros deseos hostiles o sexuales: amar a quién sabemos que no nos conviene o sentir hostilidad hacia alguien cercano, como un familiar o la pareja, los reprimimos, pero que esté reprimido no quiere decir que no tenga sus efectos. El deseo inconsciente reprimido puja por expresarse y lo hace en forma de sueños, o de síntomas o de actos fallidos (aquellas equivocaciones que cometemos en la vida cotidiana en actos que nos son familiares). Por ejemplo:
Voy a abrir la puerta del negocio y en vez de sacar las llaves que corresponden, saco las de casa, y no me doy cuenta hasta que intento abrir con ellas y no es posible.
Este acto fallido es muy común y en ocasiones tiene que ver con el deseo de volver a casa y no ir ese día a trabajar.
En los sueños de los niños, se ve muy claro la realización del deseo: Una niña a la que se le había prohibido comer golosinas por haber sufrido un empacho, sueña por la noche que las come sin que nadie se lo pueda prohibir.
Igual que en los actos fallidos y en los sueños, también en los síntomas histéricos o neuróticos hay realización de deseos. Los síntomas son como un jeroglífico que se diera a leer, pero es imposible de leer sin la contribución del que lo padece (lo que el paciente dice sobre el síntoma), y sin la escucha de un psicoanalista, porque el deseo no se expresa directamente en el síntoma sino que sufre una deformación para no ser reconocido.
Además en el síntoma no se expresa sólo el deseo inconsciente reprimido, sino también el castigo por ese deseo que el sujeto considera indecoroso.
Un ejemplo: el lavado de manos excesivo de los neuróticos obsesivos, que a veces les lleva a utilizar productos abrasivos como la lejía en la limpieza de las mismas, o se las lavan tan reiteradamente que consiguen agrietarlas, coincide en algunos pacientes con una sensación de “suciedad moral”, el lavado de las manos es como un “lavado de pecados”.
O el tabú del contacto: la prohibición de tocar que se imponen algunos pacientes obsesivos (que cogen un pañuelo para abrir el pomo de la puerta que otros han tocado antes, por ejemplo) es en realidad un intenso deseo de tocar reprimido. El deseo de tocar es transformado en el síntoma en prohibición de tocar.
Todos estos síntomas de la neurosis obsesiva desaparecen cuando se descifran y el paciente puede ir aceptando su deseo sin necesidad ni de reprimirlo, ni de realizarlo, que es otra forma de no querer saber nada del deseo.
martes 1 de septiembre de 2009
CURSO BREVE SOBRE MEDICINA PSICOSOMÁTICA
El curso se impartirá los miércoles y viernes del 2 al 16 de Sep, a las 20.30 h, en la sede de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero. C. Duque de Osuna 4 (frente a Plaza España)
Será impartido por la Dra. Pilar Rojas y la Dra. Alejandra Menassa, médicos y psicoanalistas.
El precio del curso es de 50 €, o 10 € por clase.
Se trata, a través de estas cinco clases de esbozar las distintas entidades que cursan con enfermedades corporales. ¿Es lo mismo una úlcera, por ejemplo, que una parálisis facial? ¿Es lo mismo una enfermedad psicosomática que una somatización? ¿Están sustentadas por la misma estructura psíquica?
Vamos a aproximarnos a
En los grandes textos de Medicina Interna, por ejemplo el Harrison no figura la palabra "psicosomático". Si buscamos en uno de los mejores diccionarios médicos cuyo autor es Dorland encontramos: Psicosomático, ver somatopsíquico y en "Somatopsíquico" nos dice: Denota una alteración psíquica que causa síntomas mentales. Lo tenemos que leer como un fallido, un lapsus por el cual "mentales" ha venido a sustituir a "orgánicos".
Si preguntamos por el término a médicos no estudiosos de la teoría psicoanalítica, lo más habitual es que balbuceen una respuesta a la que les cuesta llegar, y cuando llegan dicen: "Cada uno vive la enfermedad de una manera distinta", se remiten, al igual que el diccionario, al término somatopsíquico, dicen que es primero la enfermedad orgánica, y el grado de fastidio con que el paciente vive la enfermedad, es el lugar que le dan a lo psíquico.
El término psicosomático, según lo define la medicina, como todo aquél proceso psíquico que tiene influencia en lo somático, es muy impreciso, ¿ruborizarse no es acaso un hecho psíquico que produce un cambio somático visible, aunque transitorio?
Por otra parte, Freud nos trae, en uno de sus primeros casos clínicos, a una paciente que presentaba una intensa neuralgia facial (un dolor en la hemicara). Durante el desarrollo del análisis, nos cuenta que fueron pronunciadas contra ella unas palabras que le dolieron "como una bofetada", desde entonces, había comenzado aquel dolor que la atormentaba.
Aunque tanto el fenómeno del rubor al que antes aludíamos, como este caso de histeria, son la marca de una frase en el cuerpo: nos ruborizamos ante una frase y la paciente tiene un dolor en relación a la frase “como una bofetada”, ninguno de los dos corresponden al término psicosomático. El primero no es un fenómeno patológico, sino que es fisiológico, no constituye una enfermedad, y el otro es un caso de histeria, una somatización, como vamos a ir viendo. Ambos producen cambios corporales.
viernes 28 de agosto de 2009
ACERCA DEL MIEDO, EL SUSTO Y LA ANGUSTIA.

Hoy nadie duda que hay enfermedades causadas por un susto. Goethe lo llamaba susto cristalizado. El trastorno se conoce hoy como trastorno por estrés postraumático. Freud y otros autores de la época lo llamaron neurosis traumática.
La palabra miedo se confunde muchas veces con el susto y la angustia, y es conveniente diferenciar estos tres términos.
El miedo tiene siempre un objeto determinado que lo causa, cuando sentimos miedo, sentimos miedo de algo. En el susto el factor sorpresa es fundamental, todos sabemos que una mala noticia que no se espera nos impacta mucho más que la mala noticia esperada. Se ha comprobado que las personas que sufren un accidente de tráfico y han podido segundos antes del mismo reconocer la situación de peligro, tienen menor incidencia de neurosis postraumática que aquellas a las que el accidente de tráfico las encontró desprevenidas, aquellas que no pudieron prepararse para el peligro.
Y ahí entra la angustia, la angustia es una preparación para el peligro, un estado que nos alerta, una señal de que hay un peligro cercano. En este sentido, la angustia sería protectora. Suele suceder en el pensamiento psicoanalítico, que aquellas cosas que consideramos “malas” o nocivas, adquieren a la luz de éste su sentido positivo.
Alguien que, es incapaz de protegerse contra el peligro psíquico, podíamos decir, contra el trauma, es que fue incapaz de desarrollar la angustia necesaria. Podemos decir que la angustia nos protege contra el susto, porque anula el factor sorpresa, nos previene.
Pero hay enfermedades psíquicas, en que la angustia pierde esta función protectora, y torna casi imposible la vida de quien la padece. Mientras la angustia sostenga al sujeto ( es decir, le proteja, le prevenga), todo va bien, el problema aparece cuando tenemos angustia, cuando la padecemos, entonces aparecen una serie de síntomas corporales y psíquicos, como las palpitaciones, los mareos y vértigos, el dolor y la opresión en el pecho, la sensación de muerte o de volverse loco. No se trata de terminar entonces con la angustia, ya que cumple su función, sino que se trata de volver a ponerla en su lugar, y eso es lo que consigue el paciente en psicoanálisis.


